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¿Por qué existen las smartcities?

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Estuve leyendo las notas de Manu Fernandez sobre su tesis de doctorad, al repasar tantas citas y artículos interesantes, me saltó la pregunta. ¿Por qué todos intentamos entender qué es lo que ofrece una SmartCity? ¿Qué es lo que esperamos? ¿Por qué nadie analiza, más allá de los discursos corporativos, qué es lo que le da cabida a este concepto? ¿Y por qué lo seguimos sosteniendo?

Es que de repente lo entendí. Recordé la última charla que fuí a ver de Bruno Latour llamada “Si nunca fuimos modernos ¿qué nos pasó?” (pueden verla aquí).
Latour argumenta que la modernidad, tiene detrás de su discurso, una capacidad de escindir entre creencia y pragmatismo. Él dice que las religiones, al no poder resolver sus conflictos, los pone en suspensión, derivando sus características a la política.

Así es que vemos que los políticos, para nuestra modernidad, son aquellos que están más cerca de lo divino, con capacidad de hacer cualquier cosa, o por lo menos prometer cualquier cosa.

A su vez, en la calidad utópica de la modernidad, siempre estamos mirando hacia afuera, hay alguien que nos juzga si somos modernos o no. Sin tener ningún sentido, la carrera del progreso, nos lleva a buscar siempre un nivel más arriba, sin dar cuenta del costo que eso nos hace pagar.

En definitiva, esa descripción de la modernidad, es exactamente lo que la Smartcity representa. La modernidad es un concepto vacío, nadie sabe exactamente qué es, ni qué condiciones cumple, se transforma todo el tiempo. Es por eso, que la carrera es infinita, y es justificación para todo.

Discutimos entre los que estamos en el tema, tratando de definir un concepto de SmartCity, nos convencemos de que el ciudadano es lo más importante, y lo repetimos hasta el hartazgo. Porque no tenemos otra cosa sobra la que discutir.

Si queremos entender de por qué una SmartCity es una moda, hay que entenderlo como un hecho de la modernidad. Pero que además, cumple la utopía más cercana al “cielo” del progreso. Es lo más cercano a lo que llegamos de aquellas ideas de la Exposición Universal de Nueva York, o la ciudad futurística de Epcot Center que ideó Walt Disney.

Estamos tan cerca, que hay defensores de la Inteligencia Artificial, buscando las soluciones más alocadas, y justificándolas como si fuesen una realidad.

No, no es una realidad. Si bien es técnicamente posible que nos reemplacen robots de todo tipo, no quiere decir que sea humanamente posible. Y eso nos va a llevar a un conflicto.

Cuando la modernidad llegue muy cerca de la utopía que busca, vamos a estar en problemas. No por una razón pragmática, sino porque sencillamente el caos va a inundar las ideas de los hombres.
Por cierto, Latour argumenta que la única salida de esta modernidad, es el pragmatismo absoluto. Discusión que no me interesa abordar.

La pregunta es, ¿Podemos hacer algo para evitar seguir con esta modernidad a ciegas?

Creatividad y productividad

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Ruta
Hace tiempo que no escribo sobre cuestiones personales, pero necesito descargarme y me parece que puede resultarles interesante.

Ayer vi dos películas que me dejaron pensando. Por un lado, la nueva película en la que actúa Ricardo Darín, Delirium. Y por otro, una un poco más antigua, llamada Casino Jack, interpretada por Kevin Spacey (House of Cards).

La primera resultó una película independiente, con un estilo muy Argentino y un guión particular. La historia cuenta la vida de 3 jóvenes que buscan una alternativa laboral. Para ello deciden hacer una película, sin saber cómo hacer una película. Y les sale bastante mal.
En el caso de la película de Spacey, también sale todo bastante mal, pero en este caso se trata de un lobbista del congreso de Estados Unidos, que ambiciona con armar su propio imperio.

El mensaje que envían estas películas, es que la creatividad y la ambición te pueden llevar a la ruina. Sobre todo si engañas a un Estado o matás a una persona. Lo curioso es que a mi me disparó lo contrario.
Será que estoy llegando a mis 30 y me comienzo a plantear qué será de mi en mi siguiente década. A qué me quiero dedicar y cómo voy a afrontar mis próximos obstáculos.

Lo curioso de nuestra realidad social capitalista, y burguesa, es que cuanto mejor nos va, más nos enredamos en cuestiones con las que no queremos lidiar. Más responsabilidades, más de qué preocuparnos, más presión (social, moral, impositiva, estética), y sobre todo, más ambición para seguir con todo esto.

Y lo que yo me estoy preguntando, es cómo hacer más con menos preocupaciones.
En mis últimos 10 años aprendí a ser más productivo gracias al desarrollo de ciertas habilidades sociales. La parte creativa e intelectual se me da naturalmente. Pero el mundo del trabajo de hoy en día le pide a uno ser más estructurado, más productivo y a decir lo que los otros quieren escuchar (y no lo que realmente pensas).

La primer paradoja se da cuando las personas con las que trabajo les encanta que sea estructurado, cuando es algo que cada día tolero menos. La segunda, es que a pesar de que soy mucho más productivo, siento que cada vez hago más cosas que no sirven para nada y hago menos de las que realmente se marca un cambio.

Todo este esfuerzo innecesario se refleja en la pérdida de tiempo personal, pérdida de lucidez y en la disminución de mis posibilidades de hacer mi propio camino.

Soy un defensor de la serendípia, confío más en mi intuición que en mi memoria, porque de hecho me ha traicionado mucho menos cada vez que lo necesité. Y ahora me siento encerrado en este entramado de situaciones en las que uno promete cosas que sabe que no tienen sentido y hace otras, solo pensando en un futuro mejor y en mayor aceptación social. Al mismo tiempo pienso, que estoy llegando a la edad en que si no pego un volantazo, en mi próxima década me voy a cuestionar todo lo que hice. El problema es que no se si irme para la banquina, voltear en 180º o tomar el riesgo de esquivar con mucha presición los próximos obstáculos.

El mundo está bastante loco hoy en día. Eso abre muchas oportunidades, y lo bueno es que tengo habilidades para afrontarlas. Pasé por el mundo de la publicidad, de la producción, de la tecnología, me estoy metiendo mucho en el universo académico, y experimentando la gestión gubernamental y la idiosincrasia política.
No es suficiente. Las películas me dejaron una enseñanza. La creatividad es muy buena, la ambición no. Decido seguir mi instinto, pero siendo honesto conmigo mismo, buscando vivir una vida tranquila y logrando lo mejor para todos.

Cabe aclarar que ser estructurado y productivo no es contrario a ser creativo. Hay que intentar obtener lo mejor sin perder el foco. Andrés Schuschny diferencia dualidad de polaridad, siendo lo segundo una forma de ver complementariamente y la primera como contrarios.

A aquel que decida ser ambicioso, hay que dejarlo pasar. Tarde o temprano aprenderán que decidieron dejar muchas cosas atrás. Para algunos la carrera será más corta que para otros. Pero el secreto es disfrutar el paisaje, la sensación de estar haciendo algo y el esfuerzo personal. Metas, siempre habrá mayores y no llegaremos nunca al final, es un espejismo en el desierto mental y abstracto del hombre.

Les dejo una charla inspiradora de Marcelo Salas (Café Martinez), a quien conocí en un evento, y que me pareció una historia inspiradora.

Y por último, una charla de David Criado, sobre “cómo ser extraordinario”.

¿Qué se comparte en la Economía colaborativa?

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No quiero parecer un negativo ante todo. Ya sabrán que mi posición crítica no está orientada a ser anti-sistema, sino a comprender los procesos y los discursos poco visibles. En palabras de Giorgio Agamben, me gusta hacer una Arqueología de las tendencias actuales, buscar aquellas signaturas, por las cuales las cosas revelan sus cualidades invisibles.

No es la primera vez que me toca hablar de la economía colaborativa. Un largo artículo de Uber saqué hace un mes.
Las cosas se están poniendo complejas y los gobiernos (aquellas instituciones más conservadoras en muchos sentidos, pero que también son innovadoras cuando les conviene) están tomando decisiones drásticas para uno y otro lado.

Lo que cuesta develar, entonces, es el sentido hacia el que se dirige esta moda de la colaboración. ¿Qué cambios están transformando positivamente a la sociedad?¿Quién se beneficia mientras tanto?¿Qué rol están jugando los Gobiernos?

Como todo campo, la lucha de poder es feroz, pero en un ámbito donde el conocimiento y la información que se maneja es escaso, es aún peor.
Digo conocimiento e información por dos razones, y hago hincapié en esto porque supuestamente estamos en la “era del conocimiento y la información” y las TICs son el futuro (por lo menos vienen siendo hace 15 años y no sabemos donde vamos a terminar).
Por un lado, solo un bajo porcentaje de la población sabe qué es “economía colaborativa”, “emprendimiento”, “procomún”, etc, etc. Esto hace que el cambio, en principio, sea para algunos. Además, pareciera que esta nueva moda desvaloriza lo que estaba antes. Es decir, aquellas prácticas fundadas en la colaboración y el intercambio, y que estaban organizadas en torno a otros valores, con o sin internet de por medio.
El segundo lugar crítico, es la información en sí. Retomando a Agamben, el dispositivo-máquina de la economía colaborativa es compartir a costa de esconder otras cosas.
Ni Uber, ni Airbnb, ni los gobiernos, ni las universidades dejaron de lucrar (ya sea económica o políticamente) con ello. Y por ende, la ganancia está en compartir un objeto (generar nuevas mercantilizaciones), por ejemplo la casa o el auto, y no compartir la forma en que ese modelo se crea, o funciona.

Si un gobierno que fomenta la economía colaborativa, no es consciente de la disruptividad social que generan estos modelos, y por lo tanto, segregación, está reproduciendo el modelo capitalista, al mismo tiempo que fomenta el consumismo en nuevas formas. Porque, convengamos, no difiere mucho del modelo original.

¿Cuál es la alternativa? Entre todas las aplicaciones y plataformas que hemos adquirido con las nuevas generaciones tecnológicas, la que veo que está cayendo en desuso es la wiki.
Algunos ya ni recordarán, que las wikis no son solo Wikipedia, sino una plataforma abierta de colaboración mutua y la mejor forma (a mi parecer) de compartir conocimiento.
La gran dificultad de las wikis, es el formato, que tal vez no es el mejor para personas que no están acostumbradas a manejar diferentes interfaces (si se ponen a pensar, las personas comunes solo manipulan interfaces digitales en sus computadoras, smartphones y algún kiosco en la vía pública). Pero más allá de eso, las wikis habían comenzado a usarse para compartir información y disponer del conocimiento en muchos ámbitos. De una forma abierta y comunitaria, todos podían acceder a todo.

Ahora que están de moda los FabLabs y MakerSpaces, que están orientados al “hacer” han dejado de lado el componente del conocimiento que tenían los Medialabs y se dedicaron a la masificación del “hacer”. El Fetiche producido por esos modelos cerrados, olvidaron la importancia de documentar y compartir libremente sus resultados.

Las universidades y los centros de investigación, siguen valiéndose del paradigma científico de los papers y las publicaciones elitistas. Muy pocas investigaciones son difundidas libremente, y estructuran su valor en el mercado científico.

Los gobiernos, lejos de transparentar su metodología, mercantilizan su gestión a costa de la falta de información. El paradigma de Gobierno Abierto se agota en el momento en que no haya más datos que compartir, cuando lo realmente valioso son los procesos de construcción de sentido, en las decisiones que se toman para una ciudad.
Retomando a Agamben, él dice que “la profanación de lo improfanable es la tarea política de la generación que viene”, es decir, devolver a las personas el valor de uso de las cosas. Los datos, hoy en día, son el objeto de mercantilización de la gestión. Saca de discusión la lucha política para que los ciudadanos “compren” de forma deliberada una mejor gestión, sacralizando la información, alejándola del objeto real.

En definitiva, la profanación de la que habla Agamben, no es un proceso del que estemos cerca. Él habla del capitalismo como una religión, en el que se separan las cosas de los hombres, para convertir lo separado en mercancía. El consumo, desde su visión, es la imposibilidad del uso.

Los defensores de la naturaleza, no así los ecologistas que forman parte del mismo paradigma capitalista, tienen razón en que hay que volver a conectarse con lo natural. Pero lo natural en la relación del ser humano con las cosas en si. La abusada frase “vivir el presente” es, en algún sentido señal de esta reconexión entre las cosas y los seres vivientes.
Una verdadera economía colaborativa, sería la que rompe los caminos existentes y abre nuevos al paso del hombre. Estos caminos no están marcados, como las reglas que rigen nuestras sociedades, sino que existen en la potencia-de-ser, en cualquier momento, en cualquier persona.

Ciudades que colaboran

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La idea de economía colaborativa y la cooperación entre organizaciones ya es un tema instalado, la sociedad aprovecha de sus relaciones para intercambiar bienes y conocimiento valiendose del beneficio de internet y las redes sociales.
En el ámbito gubernamental, las estructuras jurisdiccionales siguen siendo las más importantes para definir su “economia”. En Argentina, los Gobiernos Locales dependen de las provincias y el gobierno nacional para generar instancias de cooperación, de intercambio de conocimiento, o para resolver problemas conjuntamente. Un ejemplo de esto, es la COFEMA, una instancia muy poco utilizada para que las jurisdicciones del pais se pongan de acuerdo en cuidar el Medio Ambiente.
Por otro lado, existen Redes de ciudades a las que muchos municipios adhieren, pero en general son temáticas y manejan una agenda única que dificilmente su función se ve reflejada en trabajos específicos, de forma colaborativa. Se trata entonces, de un ámbito de relaciones públicas y de compromisos a largo plazo.

Por esta razón, desde un espacio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, decidimos tomar iniciativa y desarrollar el primer Banco de Prácticas Innovadoras. El mismo reune las prácticas que la ciudad de Buenos Aires tiene para contar al mundo. Su experiencia, errores y aprendizajes en su implementación, son parte de los conocimientos técnicos de los cuales otras ciudades les pueden nutrirse a la hora de desarrollar sus propias políticas públicas.
Este Banco, está enmarcado en el Programa de Cooperación e Intercambio de Politicas Públicas Innovadoras, que refuerza esta intención mediante la organización de capacitaciones, jornadas de trabajo y seminarios a realizarse en conjunto con otras ciudades del País. La ciudad busca relacionarse directamente, intercambiar y aprender de las experiencias de cada una. Un nuevo paradigma para la gobernabilidad.

Las Politicas Publicas suelen incorporar herramientas, instrumentos y decisiones que en su articulación e implementación brindan experiencias únicas, muy dificil de transmitir en la mayoría de los casos. Hablando de las más innovadoras y exitosas, entendemos que las condiciones para su gestación son consecuencia de una alineanción de varios factores necesarios, y compartiendo las experiencias ayudará a transmitirlo.

Finalmente, estamos construyendo un espacio que nos gustaría que todas las ciudades lo tengan, así como muchas tienen su agencias de cooperación internacional, cooperar con el resto de las ciudades del país es muy importante.

Si ya vivimos la participación ciudadana y la apertura de datos como formas de abrir las ciudades hacia la ciudadanía, existe una apertura hacia sus pares. Es decir, otros funcionarios, técnicos y profesionales especializados en temas urbanos. Desde la arquitectura, la agronomía hasta el sector de las emergencias urbanas.

Saskia Sassen definió a las ciudades globales, como aquellas que lideran las redes de ciudades y compiten por un lugar destacado en la globalización, en un mundo de redes avanzada. Las ciudades colaborativas ofrecen un lugar a cada una de las ciudades, gigantes, grandes, medianas o pequeñas, según sus necesidades y conocimientos específicos, una idea más cercana a la que podría ser definida por Bourdieu.
Una nueva política, no de discursos ni tecnocrática, sino innovadora, que busca cambiar la vida de las personas con hechos reales. Donde la gestión no se mide por la cantidad de obras sino por el cambio de comportamiento en las personas.

Este nuevo programa que comenzamos en septiembre del año pasado con Martín, viene en línea con lo que venimos trabajando en Chiripa y Gobernanza Local, para mejorar las ciudades latinoamericana. Y agradecemos al Ministerio de Gobierno de la ciudad que nos está dando la oportunidad de llevarlo adelante!

Los invito a conocer el programa, participar de las actividades y escribirnos, en su sitio y seguir a la cuenta oficial de la Subsecretaría de Asuntos Federales (@ssafed).

Pensando un centro de innovación en la ciudad

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En mi último artículo hablaba de qué es la innovación y por qué no todos la necesitan. Sobre esa construcción conceptual quiero exponer ideas de lo que debería ser un centro que nuclea actividades para mejorar la potencialidad innovadora.
Desde un primer momento, tenemos que descartar que un espacio, por más infraestructura que ofrezca, por si sólo no genera innovación y que si no es correctamente pensado puede ser un fracaso su inversión en tiempo y dinero. Tampoco se necesita un centro especializado, el caso de La casa encendida en Madrid o zzzinc en Barcelona es un claro ejemplo de innovación auto-organizada, ni hablar de Campo de Cebada.

¿Por qué un centro de innovación?

Así como argumentaba que no todos necesitan innovar, la premisa es la misma. Un espacio como estos requiere muchos recursos, personal, capital humano altamente capacitado. Y si lo que queremos es difundir conocimiento, o darle un espacio de trabajo y colaboración a cierto sector productivo, existen alternativas más ajustadas. Por ejemplo los telecentros de Colombia o los makerspace.

Por otro lado quiero aclarar que este tipo de lugares no difiere mucho de un Medialab, de los cuales ya he escrito anteriormente y los existentes en todo el mundo son ejemplos válidos para tomar como modelo. Algunos de ellos pueden ser el centro Matadero-Madrid, o el centro Ravensbourne de Londres.
Por ultimo, y antes de comenzar a puntualizar algunas ideas, creo que buenos aires tiene varios centros públicos y privados que ya podrían ser potenciales centros de innovación o están en camino a serlo, lo que falta considero que es la colaboración y la voluntad de crecimiento en el ecosistema. Típica idiosincrasia porteña, pero que en lo que hoy no nos enfocaremos.

Partiendo de la base conceptual ya aclarada, la piedra angular de un centro de innovación es el conocimiento. Y el tipo de conocimiento a considerar está dividido en dos universos, diferentes y complementarios. El conocimiento científico y el conocimiento abierto (open knowledge), ambos son necesarios para poder gestar conocimiento y que este sea transferido a la sociedad abiertamente. A partir de estos universos vamos a poder pensar qué se necesita para el éxito de nuestro centro.
Otro aspecto debemos considerar que la innovación se da en muchos ámbitos, y que debemos definir a priori, cuales son los que esperamos desarrollar en un plazo medio. Si bien es posible ser abierto ante todas las oportunidades, los recursos nunca son infinitos, ni el acceso al conocimiento especializado.

Antes de pensar en el lugar, debemos pensar en su ubicación geográfica. Según la teoría de los polos de crecimiento (desarrollado por Perroux), el capital (ya sea económico o de otra índole, en este caso nuestro capital es de conocimiento) que se desarrolla de forma localizada es desequilibrado entre los diferentes actores ubicados en un mismo polo. Con lo cual, si pensamos ubicarlo cercano a otro centro de igual tamaño, es posible que se desaproveche su potencialidad, sino que es recomendable ubicarlo cerca de centros más pequeños o de otro tipo de generación de conocimiento. Por ejemplo, pequeñas instituciones educativas, centros de capacitación, o pequeños productores de creatividad.
Es esencial para generar una dinámica de intercambio de capital y una producción de valor, que existan necesariamente otros centros más pequeños que funcionen como proveedores y como usuarios de nuestro centro. Sino quedaría aislado resultando muy difícil generar movimiento a su alrededor.
En cuanto a su arquitectura, es recomendable pensar en la recuperación de viejos espacios, y no de la construcción desde cero. Esto es porque mantiene un valor cultural y patrimonial que el entorno reconoce y genera mayor aceptación y reconocimiento. Podemos tomar como ejemplo Hangar de Barcelona o el stgomakerspace en factoría Italia de Chile

Infraestructura

Dicho esto, voy a hablar de la infraestructura mínima necesaria. Si vamos a pensar que las personas van a realizar ciertas actividades, debemos ofrecerles lugares adecuados. De otra manera, serán subvalorados y pueden caer en deshuso.
Depende de las actividades que se esperan desarrollar que los espacios sean muy abiertos o muy cerrados. Pero hay algunos que no pueden faltar si queremos que el conocimiento y la integración se desarrollen.

Para que el conocimiento se haga lugar en nuestro centro debemos pensar que este debe ser elaborado, debe ser llevado a la práctica y debe ser compartido. Estas tres instancias pueden ser sincrónicas o asincrónicas. Y para ello se debe construir en 3 tipos de espacios (aunque sean en una misma habitación).
Una biblioteca (analógica y digital) en donde se puedan consultar material de todo el mundo, necesario para la investigación.
Laboratorio, abierto y especializado en las disciplinas temáticas a trabajar. Con disponibilidad de materiales necesario para las actividades.
Espacios de reflexión, aquí es el punto más cercano entre los diferentes actores para discutir los temas que se trabajan. La reflexión es la base del conocimiento y esta debe ser fomentada.
Además, es importante publicar lo generado, a través de charlas, talleres, publicaciones y un repositorio online (wiki, streaming audiovisual, etc).

Con estos tres espacios nos aseguramos que el conocimiento fluya, pero también es posible ofrecer espacios de trabajo, contar con facilitadores y otro tipo de actividades que mejoran la relación con los actores involucrados.

Contenidos

El centro debe tener programas focalizados. Cualquier investigación debe estar enmarcada en un contexto y debe tener tutores que guíen el trabajo, que curen los contenidos y que organicen jornadas para reunir a otros actores interesados. Un buen ejemplo son las áreas temáticas del Medialab Prado, que se dividen entre audiovisual, procomun y ciudad, entre otras.

Hablando de actores, es importante que el centro se relacioné abiertamente con otras instituciones y actores. Estos serán los que traigan el conocimiento y nuevas ideas a la mesa de trabajo. Empresas, universidades, centros de investigación, etc son agentes con los que se deben formar alianzas (temporales, y no excluyentes). Si esto no existe, el centro no podrá armar una red de agentes necesarios y el conocimiento se verá estancado o será unidireccional.

Por otro lado, el centro debe estar con los ojos bien abiertos a las nuevas oportunidades. Si pretendemos que sea innovador, es posible que se enfrente con situaciones que no se dan en otra parte del mundo. Por eso, quien dirija el centro debe ser una persona abierta, positiva, y que no se deje llevar por las tendencias sino por su intuición para ofrecer a estas oportunidades la potencialidad necesaria para que se desarrollen.

Ahora bien, yo creo que la mayoría de los procesos de innovación se dan a partir de la observación empírica del objeto a estudiar. No hay que olvidarse de que las metodologías de estudio son importantes para que esto suceda, y por lo tanto, especialistas e investigadores de diferentes ramas deberán aportar su saber al resto de los participantes del centro.

Esto nos lleva a pensar la estrategia de redes de agentes. Como cualquier gran proyecto necesita de una estrategia y es especialmente relevante la construcción de una red de agentes para este tipo de espacios. Ello nos permitirá definir los perfiles de agentes que interactúan con nuestro centro.

Para empezar a pensar una estrategia, como punto de partida tomaría la teoría de desigualdad participativa, porque hay que recordar que no todos tienen la misma participación mide la misma manera y que los roles de los agentes pueden variar según situación.
Un mapa de agentes, como puede ser el de Euskadi, nos permitirá delinear los campos de acción posible y una estrategia en diversos escenarios.
No iré más allá en el asunto de la estrategia ya que depende de cada proyecto, lo que me interesa es dejar en claro la necesidad de establecer un estado del arte antes de sambullirse en la ambición y la complejidad de la planificación.

Más allá de todos estos puntos de observación que listé, es importante y vital que cualquier iniciativa relacionada a la innovación esté atada al concepto de pro-común, que de la fluidez con que se den las cosas y del volumen de participación dependerá su productividad.

Si quieren leer más sobre información o cosas que están pasando en el mundo en español, recomiendo seguir a Doménico di Serna, José Luis de Vicente, Juan Freire y Paco Prieto.

No todos necesitan innovar [Actualizado]

por manuchis. 2 comentarios

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Estoy indignado, y agotado de intentar explicar que la innovación no es lo que muchos creen que es.
En serio, no todos necesitan a la innovación para todo. Y muchos la mencionan como si fuera su salvación para problemas que ni aún conocen.
¿De qué estamos hablando?

Para clarificar, innovación es generar un cambio cultural, social, de comportamiento que modifique la forma en que las personas, el mercado, la sociedad o un grupo específico predeterminado comprenden y perciben las cosas y realizan acciones a partir de ello. Si eso no sucede, no es innovación. Si bien pretendo dar una explicación vaga de lo que pienso al respecto, no descarto que las palabras son dignas de resignificación constante, por lo tanto esto será solo a causa de evitar la pérdida de valor en lo que el término significa, por lo menos, hasta la actualidad.

Pongamos un ejemplo, uno de los más usados. Apple realizó una innovación en el mercado de la música con iTunes. Ya deben saber la historia de Jobs los que leyeron su biografía, vieron su película o al menos les interesó este sujeto (o pueden leer algo de la historia en FastCo). El asunto es que Apple generó un cambio positivo en el mercado de la música, no gracias al ipod, sino al haber modificado la forma de distribución legal mediante su sistema.
Sistemas como iTunes, dispositivos como el iPod, y el Mp3 ya existían antes de que Jobs lo piense como tal. ¿Y qué cambió? Estrictamente, la política de DRM. Pero sustancialmente, convenció a las grandes discográficas de vender la música en otro formato que no sea el CD. A partir de ese momento, con un poco de diseño y buena publicidad, el iPod fué la estrella por varios años (hasta el iPhone, claramente).

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Bien, entonces, ¿qué necesitó Jobs para generar esta innovación? Evidentemente, pensar mucho, diseñar un buen plan, buenos contactos y jugársela.
Ahora bien, muchos podrían argumentar que además, el diseño del iPod es innvador, su ruedita y todas esas cosas lindas que hace Apple nos fascinan desde que llegamos a la tienda hasta que abrimos la caja del producto en nuestras casas.

Jobs era un grande pensando productos, pero eso se llama diseño, no innovación. Diseñar un buen producto, un buen plan o cualquier cosa posible de ser diseñada (pienso si hay cosas que no se pueden diseñar, pero esa es una discusión interna que no voy a explayar acá), quiere decir pensar sus componentes, su formas de producción, su distribución, su forma de entrega, etc. Es hacer que la experiencia del usuario sea la más placentera y la más cercana al objetivo final.

¿Objetivo final? Si, en algunos casos puede ser la innovación, cambiar el mundo. En otros casos (como fué el de Apple mientras Jobs no estuvo en la compañía) fué simplemente vender más.

Por ahora tenemos un par de elementos diferenciados y que no necesariamente se relacionan entre si. Innovación, tecnología, diseño.

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Quiero agregar unos conceptos más, que también forma parte del universo Apple. La diversificación y el valor agregado. Son dos conceptos de mercadotécnia básicos, y no los únicos, que suelen resolver cosas de forma más simple y más rápido que lo que la innovación puede hacerlo.

Diversificación es la oferta de nuevos productos/soluciones para acceder a nuevos mercados. En el caso de Apple, el desarrollo de nuevos modelos de iPods para cada ocasión permitió la difusión del dispositivo y su sistema. ¿Acaso no recuerdan cuando todo el mundo regalaba iPods Shuffle? Ese dispositivo ideal para salir a correr. O también estaban aquellos que preferían el iPod Classic porque tenía un disco donde almacenar toda la música. Y muchos más existen en la historia, que dificilmente podríamos caracterizarla como innovadora.

El Valor Agregado o Diferenciación, es un término mucho más común, y se refiere a mejorar las capacidades para diferenciarse de la competencia u otro producto/solución, y así captar más mercado. Acá entra en juego la famosa iPod Click Wheel, la cual nisiquiera la inventó Apple, pero sí le agregó un valor único a su producto. Aún así, por más de haberse convertido en un ícono, solo con ese valor agregado gracias a la tecnología no hubiese llegado a ser lo que fué.

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Con este largo y ejemplificador artículo, quiero dejar en claro que la innovación es un proceso de años, que obliga a que el público objetivo modifique su comportamiento en cierto grado, pero quienes buscan esa innovación también deben modificar algunos actos. Y es por eso que Jobs llegó tan lejos, por su actitud agresiva, que por no ser la mejor persona del mundo, rompió barreras. Y eso no es para cualquiera, ni siquiera para mi.

“Tenés que estar dispuesto a no ser comprendido si lo que querés es innovar”
– Jeff Bezos

A veces, la solución está mucho más cerca, es más facil o más barata. Y se trata de observar el problema real y buscar una solución, entre las miles de herramientas conceptuales y físicas, que los seres humanos hemos construido. Existen metodologías como Human-Centered Design de IDEO, o el Design Thinking, que permiten mejorar los productos, agregarles valor y pensar las cosas de nuevo.

A veces hablamos de innovación social, pensando que desde un producto podemos cambiarle la vida a la gente, y a veces las personas solo necesitan ser ayudadas, escuchadas y vivir tranquilas. En casi todas las filosofías se habla de que para vivir más feliz necesitamos menos cosas, y si uno quiere obtener más, es decisión propia, pero no obliguemos a los otros a ser parte de esta vorágine creadora.
Keep it simple.

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PD: El gráfico sobre el proceso de innovación es de realización propia en base a lo expuesto en el artículo, existen elementos ausentes en todo el proceso y no sirve como explicación del mismo, solo como ilustración de lo mencionado.

Actualización: Algunos dicen que imitar es mejor que innovar. De hecho es lo que usualmente hacemos en Latinoamérica y lo llamamos innovación…

Definir el impacto de las iniciativas participativas y los datos abiertos

por manuchis. 3 comentarios

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En mi investigación para ciudades más abiertas, el tema de los últimos meses son es la medición y los indicadores de impacto. En otras palabras, muy lindo lo de SmartCities, pero ¿cómo sabemos si causa algún efecto?. Esta pregunta va directamente ligada a la anterior ya analizada, ¿Las ciudades realmente quieren cambiar?. Y también podemos pensar en la dificultad de crear impacto cuando lo que se mide, al final de todo, es el valor creado.

Pero los invito a meterse en profundidad en uno de los ejes con los que estamos trabajando actualmente con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aaires y el Dr. Boyd Cohen, de la famosa SmartCityWheel para hacer ciudades realmente inteligentes.
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Lo que nos incumbe en esta ocasión tiene que ver con participación, transparencia y datos abiertos. Temas que se han discutido esta semana en el encuentro ABRELATAM junto a colegas de todo el mundo en la ciudad uruguaya de Montevideo.
Los temas mencionados, son los que conforman el componente Transparency & Open Data, incluido en el eje Smart Gov de la rueda.

En primer término, quiero aclarar que muchos asocian los datos abiertos y la participación con la transparencia y esto no me parece correcto. O por lo menos no directamente. Estos son, algunos componentes de lo que podríamos llamar un Índice de Transparencia. Tampoco es, como se cree, un cierto tipo de información.
Andrew Schnackenberg argumenta que la transparencia debería ser algo natural cuando los actores comparten objetivos, ya que está definida por el nivel de apertura, claridad y celeridad de la información compartida. O en palabras de James R. Hollyery, B. Peter Rosendorff y James Raymond Vreeland, la transparencia se compone de diferentes dimensiones, y funcionan como diferentes mecanismos de los cuales se espera diferente comportamiento en el gobierno.

Por lo tanto, un primer indicio, nos lleva a pensar que si queremos medir el impacto de la participación o de las políticas de datos abiertos, debemos evaluar cómo afectan a la transparencia de un gobierno. Además, debemos descartar de nuestra hipótesis, que un gobierno con políticas que dicen ser “abiertas” o “participativas”, no lo es si sus ciudadanos no lo perciben así.

En el encuentro ABRELATAM nos preguntamos ¿Qué es un indicador correcto para medir la participación y las políticas de datos abiertos?

Como ya lo hemos definido con Lucía Paz Errandonea en abril de este año. “No podemos contemplar, en definitiva, sólo la participación realizada mediante el uso de sistemas tecnológicos. Ya que si bien podemos considerarlos parte de la infraestructura urbana, a esta no se la puede escindir de los comportamientos sociales.”

Por lo tanto, durante el evento ABRELATAM definimos que hay 2 tipos de participación, aquella que se involucra y busca la innovación de forma “activa”. Y una segunda que nombramos “pasiva” ya que solo se refiere a dar apoyo, compartir o aportar a una causa de forma desinteresada.
La primera es la participación real, o por lo menos aquella que buscamos en una ciudadanía de la SmartSociety, pero resulta muy dificil de medir. La segunda, en cambio, tiende a ser más un indicador de visibilidad que de participación, ya que el indicador por defecto es el volumen de “participación” en una causa.
Encontramos que muchas veces se le asignan atributos a la participación que en su naturaleza no se presentan. Por ejemplo, la junta de firmas virtuales, por medio de plataformas como Change.org o grupos en Facebook. Y en algunos casos, el efecto causado, no es el efecto esperado.

Así que una primer forma de medir la participación deliberada, es pre-definir los objetivos. En el caso de implementar una política participativa preguntarse ¿Para qué queremos que las personas participen?¿Qué queremos lograr?¿Cuales son los espacios en que podrán aportar?¿Cuál es el efecto esperado?

Luego de compartir experiencias personales, nos dimos cuenta que algunas herramientas participativas funcionan mejor que otras, y pudimos definir que las más exitosas se deben a tres factores.
A que generan historias que realmente interpelan a las personas a través de la emoción, ideales, etc.
A que manejan correctamente y emprolijan la información, con lo cual se vuelve una herramienta útil para generar mapas de información.
A que generan confianza ya que se valen de otros medios que los validen, como los medios de comunicación u organizaciones del tercer sector.

Finalmente, definimos algunas características para poder analizar una acción participativa:

  • Los públicos objetivos de la acción. No todos van a participar, debemos elegir quien nos interesa a partir de la generación de un mapa de actores.
  • Los niveles de participación. Definir qué tipo de participación y compromiso tendrán estos públicos elegidos.
  • Intencionalidad. Pensar y diagramar cual es nuestra intención y cual es la intención de cada uno de estos participantes, para ofrecerles algo a cambio de su participación.
  • Aliados y cooperación. Dentro de los actores definidos, debemos pensar cuales serán nuestros aliados (aquellos que comparten el mismo objetivo y visión) y quienes estarán abiertos cooperan (aquellos que comparten alguno de nuestros objetivos y visión, pero no todos).
  • Call to Action. No sirve solo pedirle a las personas que participen, hay que indicarles cómo y de que forma pueden hacerlo. De esta manera se genera confianza en el circuito.

Por el lado de los datos abiertos, nos encontramos con el problema de que el impacto hasta el momento es ínfimo. Solo poca población sabe hacer uso y conoce de su importancia. Y que las políticas relacionadas, hasta ahora se han encontrado con una calle sin salida. Si bien se mostraron otros usos interesantes de los datos abiertos (y no tan abiertos) aún el camino es sinuoso.
Sumado a esto, los problemas de privacidad y el mal uso de los datos existentes, están generando más preocupación que buenos augurios.

Más allá de eso, tener formas de medirlos ayuda a tomar decisiones correctas sobre la estrategia. Para ello agrupamos las posibles formas de indicadores en 4 métodos:

  • Utilidad real. Poder establecer una necesidad del usuario final (por ejemplo, disminuir el tiempo de transbordo entre 2 transportes públicos) y definir indicadores relacionados a esa necesidad. De esta manera nos aseguramos una estrategia orientada a mejorar la calidad de vida que no será en vano.
  • Medición cualitativa. Una encuesta tradicional permite establecer si los ciudadanos están en condiciones de percibir el beneficio.
  • Auditoría externa. Muchas veces una evaluación objetiva es la mejor forma de estudiar el impacto.
  • Estrategia temporal. No solo sirve medir el impacto final, sino que se deben definir los momentos en que se tomarán muestras para analizar la evolución previamente planificada. De esta manera, podemos asegurar que exista un cambio de comportamiento en el tiempo para poder pivotear a tiempo.

Los datos abiertos son un aporte más de una estrategia de Gobierno Abierto, que es el que general el impacto. No al revés.

También hemos discutido la importancia de la serendípia como causante de nuevos escenarios. Pero para considerarla una metodología parte de la estrategia, o mas bien, parte del ecosistema innovador, debemos poder medirlo a partir de un método empírico determinado. Si bien es cierto que puede generar grandes saltos creativos, para poder considerarse dentro de nuestro mapa estratégico, debemos tomar pruebas constantemente para poder entender su evolución e impacto.

Por último, hemos notado que a veces existe una creencia ciega en estos nuevos paradigmas tales como bigData, que no se diferencian muchos del nacimiento de la estadística en la década de 1910. Y que debemos tener cuidado de no caer en una tecnocrácia.

En conclusión, se necesita poder definir una estrategia fuerte, con formas de medir su evolución al mismo tiempo que poder cambiar de táctica si el efecto que estamos causando no es el esperado. La innovación es un cambio cultural, y debemos pensarlo como un efecto a largo plazo que requiere de constancia e inteligencia para llegar al final.
La participación aislada, por más multitudinaria y visible que sea, no tiene un impacto real en el cambio de comportamiento de las personas. Solo aquella que puede entender el campo total de los actores, intenciones y necesidades, podrá desarrollar una estrategia participativa que como efecto mejorará sustancialmente la noción de transparencia.

Esperamos, con estas conclusiones, y muchas otras en las que estamos trabajando, poder contener toda el aprendizaje generado en los manuales que estamos preparando en CHIRIPA para ayudar a los gobiernos locales a conocer las buenas prácticas.

Trabajar por las ciudades es trabajar con los valores

por manuchis. 0 comentario

Estaba leyendo un recopilatorio hecho por Guy Kawazaki sobre lo que él aprendió sobre Steve Jobs cuando se me disparó el siguiente pensamiento:

En el mundo privado, uno trabaja por el precio de las cosas. En el mundo público el precio de las cosas no importa, es 100% valor.

En postulado 8 de Guy, que se titula “valor” es diferente de “precio” comenta que las cosas por mas que tienen un precio, para las personas lo importante (o por lo menos algunas personas, las que importan) es el precio. Sabemos que nadie que compra productos de Apple lo hace por su bajo precio.

No me interesa discutir en este momento nada sobre Apple, sino solo como una mención y para diferenciar de lo que a mi me parece que significa trabajar con gobiernos u ONGs. Porque muchas veces, en nuestro afán de ser simples en el mensaje, decimos que trabajamos para “mejorar la vida de las personas” o “mejorar la calidad de vida” o incluso mencionamos cuestiones como “inclusión” o “progreso”.

Todas estas frases comunmente usadas en el ámbito publico, tienden a ser subjetivas. Simplemente apreciaciones de una visión o de un ideal que cada uno tiene al respecto.
Y como he mencionado anteriormente, la famosa “innovación” de la que hoy todo el mundo habla es solo cambiar la percepción de las cosas para darle nuevos usos. Más allá de las modificaciones físicas, reales o técnicas, lo importante es cómo eso se percibe.

En este caso tiene que ver con el mismo sentido de valoración (y ahora me parece que en el mundo privado lo es más de lo que aparenta). Incluso la política, ese “mal necesario” que a veces dudamos si conviene o no relacionarlo con el dinero, un dinero que se vuelve sucio en algunos casos y se vuelve limpio cuando se pretende ayudar a cierto sector de la población.

Al final, cuando se piensa en los indicadores, llegamos a la conclusión de que ese precio se puede poner en un lado o en otro. Pero el real crecimiento y evolución de la ciudad se da en el valor de la misma y de sus componentes, incluso de las personas que actúan sobre ella.

Quiero decir, en conclusión, que moldear los valores de una sociedad es uno de los trabajos más complejos y más elevado de la gestión en cualquier organización. Y es por ello, que los que no se convencen de esto, tienden a cometer el error de pensar que su trabajo es una cuestión de precios.
Yo recomiendo leer lo que dice Guy, porque creo que incluso hasta los funcionarios pueden aprender de Apple y Jobs en muchos sentidos.